nobleza y pobreza - Cantineoqueteveonews

La pandemia global que perfila una crisis sin precedentes también exhibe un fenómeno pocas veces visto: estrecha el círculo entre la nobleza y pobreza.

Mientras gran parte de la humanidad vive confinada, el virus de Wuhan circula por todos lados sin respetar fronteras. El príncipe Carlos de Inglaterra dio positivo en el test de coronavirus. Antes le habían detectado la misma enfermedad a Alberto de Mónaco y al archiduque austríaco Carlos de Habsburgo-Lorena.

Al suegro de Eugenia de York, nieta de la monarca británica, lo ingresaron a la Unidad de Cuidados Intensivos tras haberse contagiado, según informa el Daily Mail. La familia real prefiere no hacer comentarios.

El hijo de Isabel II permanece en cuarentena en Escocia, mientras que su madre, jefa de Estado, se encuentra en el castillo de Windsor, a las afueras de Londres. La nobleza y la pobreza están unidas bajo un mismo enemigo común.

La reina Isabel II adoptó un protocolo de aislamiento para tratar de evadir al COVID-19. La monarquía cambia de rutina e intenta mantener la calma en medio de la pandemia que no distingue entre ricos y pobres. El virus se encargó de mezclar el agua y el aceite.

Nobleza y pobreza fusionadas

Los gobiernos prohibieron a patricios y plebeyos asistir a reuniones multitudinarias, pues el coronavirus está al acecho. En consecuencia la reina Margarita de Dinamarca canceló todos los actos programados por su 80 cumpleaños.

La Casa Real sueca, aplicó un estricto protocolo para evitar la propagación del virus. Suspendió una cena de gala con 150 invitados de la nobleza procedentes de todas las partes del mundo.

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El rey Harald de Noruega al referirse a la pandemia dijo que eran tiempos «extraños y aterradores». Su hija Marta Luisa de Noruega viajó a Estados Unidos para reunirse con su novio el chamán Durek Verret, antes que el gobierno decretara la prohibición de salida del país. Pero al retornar tuvo que mantenerse en cuarentena para seguir los protocolos sanitarios noruegos.

Las enfermedades en general y las escasas expectativas de vida siempre se asocian a la pobreza y a las desigualdades sociales. Pero el coronavirus cambió las reglas de juego entre la nobleza y la pobreza.

La pobreza como enfermedad

Durante años la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha sostenido que la pobreza es la enfermedad más mortal del mundo. Según el organismo el derecho a la salud no se cumple en frágiles y vulnerables entornos. Más de 1600 millones de personas (22% de la población mundial) viven sin acceso a atención médica. Sobreviven en una frenética lucha para evitar fallecer de cualquier dolencia.

Más allá de la nobleza y la pobreza, para la OMS  la mayoría de comunidades rurales carecen de una buena atención médica por diversas razones. Los profesionales a veces son reticentes a trabajar en apartados lugares marcados por conflictos bélicos. Los bajos salarios no los atraen. Pero la nobleza dispone de los mejores recursos sanitarios del primer mundo.

Sin embargo el coronavirus toco la puerta de la realeza y paso de manera furtiva. Sin vacuna y sin un tratamiento específico el virus ataca el sistema inmunológico. Miembros de la nobleza y la pobreza se encuentran indefensos por igual frente al COVID-19. El mortal virus no discrimina.