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Frente a tanto optimismo que genera la inteligencia artificial, la voz de Simon McCarthy Jones otorga un sentido de equilibrio. Su perspectiva profundiza uno de los aspectos más marcadamente humanos: la libertad. De hecho, la libertad de pensamiento constituye uno de sus campos de investigación. Su linaje intelectual pertenece a los que señalan al rey desnudo.

Simon es profesor asociado de Psicología Clínica y Neuropsicología en el Trinity College de Dublín en Irlanda. Anteriormente ha trabajado en la Universidad Macquarie de Australia y en la Universidad de Durham, Reino Unido.

El psicólogo dublinés reflexiona sobre como la inteligencia artificial podría implantar un nuevo tipo de totalitarismo en nuestras sociedades. Su advertencia fue publicada en un artículo de The Conversation.

Inteligencia artificial totalitaria

McCarthy Jones parte del fundamento mismo de las sociedades occidentales individualistas. Nadie conoce nuestros pensamientos, deseos o alegrías mejor que nosotros. Somos nosotros, no el gobierno los que estamos a cargo de nuestras vidas.

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Todo infierno comienza con una promesa del cielo. Según Jones, el totalitarismo liderado por la inteligencia artificial no será diferente. La libertad se convertirá en obediencia al Estado. Sólo los irracionales, rencorosos o subversivos podrían querer elegir su propio camino.

Para prevenir tal distopia no se dede permitir que los demás sepan más de nosotros mismos que nosotros. En 2019, el multimillonario inversor Peter Thiel afirmó que la IA era «literalmente comunista». Señaló que la IA permite a un poder centralizador vigilar a los ciudadanos y saber más de ellos que ellos mismos. China, señaló Thiel, ha abrazado con entusiasmo la IA.

Un arma filosófica

El potencial de la inteligencia artificial para ensamblar estructuras totalitarias se aprecia por su orweliano sistema de vigilancia y control. Pero la IA también da a los totalitarios un arma filosófica. Cuando eran los ciudadanos los que se conocían a ellos mismos, el liberalismo podría mantener a raya a los aspirantes a totalitarios.

Pero la inteligencia artificial ha cambiado el juego. Las grandes compañías de tecnología recogen grandes cantidades de datos sobre nuestro comportamiento. Los algoritmos de aprendizaje automático usan estos datos para calcular no sólo lo que haremos, sino quiénes somos.

Hoy en día, un algoritmo predice qué películas nos gustarán, qué noticias querremos leer y a quién queremos como amigo en Facebook. Puede predecir si las parejas permanecerán juntas y si intentaremos suicidarnos. Desde nuestros gustos en Facebook, la inteligencia artificial puede vaticinar nuestros puntos de vista religiosos y políticos, personalidad, inteligencia, uso de drogas y felicidad.

Tiranía en nombre del bien

La exactitud de las predicciones de la inteligencia artificial mejorará. En un futuro no muy lejano, como ha sugerido el escritor Yuval Noah Harari, podría decirnos quiénes somos antes de que nosotros mismos lo sepamos.

Estos acontecimientos tienen implicaciones políticas abrumadoras. Si los gobiernos, mediante la inteligencia artificial, pueden conocernos mejor que nosotros, se abre una nueva justificación para intervenir en nuestras vidas. Nos tiranizarán en nombre de nuestro propio bien.

McCarthy Jones considera que sólo podemos prevenir tal distopía si no se permite que nadie nos conozca mejor de lo que nos conocemos a nosotros mismos. Nunca debemos confiar en nada ni nadie que busque tal poder sobre nosotros como algo bien intencionado. Históricamente, esto sólo ha terminado en una calamidad.

Escudos de privacidad

Una forma de evitar una brecha de autoconocimiento, de acuerdo al psicólogo, es aumentar nuestros escudos de privacidad. La privacidad reduce la capacidad de los demás de conocernos y luego usar este conocimiento para manipularnos para su propio beneficio.

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El problema es una disparidad de poder en lo que se conoce de nosotros. El conocimiento sobre nosotros exclusivamente en manos de otra persona es poder sobre nosotros. Pero el conocimiento sobre nosotros en nuestras propias manos es poder para nosotros.

Cualquiera que procese nuestros datos para crear conocimiento sobre nosotros, debería estar legalmente obligado a devolvernos ese conocimiento. Necesitamos actualizar la idea de «nada sobre nosotros sin nosotros» para la era de la inteligencia artificial. Sólo debería haber una mano en el timón de nuestra alma. Y debería ser la nuestra.