Los victorianos - Cantineoqueteveonews

Tanto los victorianos del siglo XIX como las generaciones actuales compartimos una visión ambigua respecto a los avances tecnológicos. Por una parte, celebramos el desarrollo civilizatorio que conllevan tales innovaciones. Pero al mismo tiempo las contemplamos con suspicacia y temor por los cambios que podrían generar.

Muchos se preocupan porque los teléfonos inteligentes y las pantallas de ordenador pueden estar afectando a la salud de nuestros ojos. No fue distinto en el pasado. En la época victoriana, la gente igualmente se preocupaba sobre el efecto de las nuevas innovaciones en la vista.

Los victorianos temían quedarse ciegos

El incremento de textos impresos fue señalado como culpable de los problemas oculares. Este aumento de papel impreso también implicaba mayor cantidad de lectores y de afecciones oculares. Sin las atenciones adecuadas, predijeron los victorianos, la población de Gran Bretaña se quedaría ciega.

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El siglo XIX fue la época en que la oftalmología se convirtió en un campo prominente en el ámbito de la salud. Se introdujeron nuevas tecnologías que mejoraron los exámenes de la vista. Las gafas se convirtieron en un método más viable para corregir fallas en la visión. Paradójicamente el desarrollo tecnológico generado alarmó a la población y se consideró limitar su desarrollo.

El villano progreso tecnológico

Gran parte de los estudiosos buscaron una explicación en la «vida moderna» y atribuyeron el llamado «deterioro de la visión» al entorno construido. Los victorianos incluyeron el auge de la imprenta, la educación obligatoria y la energía de vapor entraron en la lista de culpables. En 1898, The Scottish Review proponía que la visión defectuosa era  “consecuencia de las actuales condiciones de la vida civilizada».

Destacaba el artículo que muchos avances considerados como «progreso» tenían un efecto perjudicial en el sistema nervioso del cuerpo y en la salud visual. Dentro del concepto de progreso, entraban la prosperidad material, la expansión de la industria y el auge del comercio.

Sedentarismo y artificialidad

El sedentarismo era otra condición que los  victorianos relacionaban con el aumento de problemas oculares. La mejora de las conexiones de transporte y las nuevas actividades de ocio redujeron el movimiento físico. Esta condición permitía más tiempo para la lectura. Tal como nosotros nombramos nuestra contemporaneidad “la época de las pantallas”, aquella era “la época de la lectura”.

El problema con todas estas nuevas condiciones ambientales era que se consideraban «artificiales». Para enfatizar este punto, los médicos compararon frecuentemente sus hallazgos de mala salud ocular con la visión superior de los «salvajes». Para los victorianos esto creaba  una interpretación más negativa del progreso. Las conclusiones sustentaban la idea de que el deterioro de la visión era un acompañamiento de las modernas actividades del mundo occidental.

No se volvieron ciegos

Con todo, los victorianos no se inmutaron, y continuaron con el progreso al que culpaban de los problemas de visión. Desarrollaron nuevas gafas protectoras que buscaban proteger el ojo del polvo y también la iluminación artificial en el hogar.

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A pesar de sus temores, el país no se volvió ciego. Tampoco es Gran Bretaña una «isla llena de ratones de biblioteca de espalda redonda y ojos claros» como se predijo.  Las historias que se reportan hoy en día tienden a basarse en investigaciones más rigurosas en lo que respecta al tiempo de pantalla y la salud ocular. Pero el temor que generan las innovaciones parece ser una constante humana.