Isla privada

Fisher Island es una privilegiada isla privada contigua a Miami Beach, sinónimo de opulencia, donde combaten con dinero al coronavirus.

El exclusivo lugar compró pruebas para detectar el virus en sus 1.300 habitantes cuyos ingresos promedios anuales ronda los 2,5 millones de dólares. La adquisición de los test, divulgada por The Miami Herald provocó un debate, acerca de la discriminación del sistema sanitario estadounidense.

Mientras los habitantes de cualquier sector realizan colas para someterse al test, en el islote de los ricos y famosos todo es diferente. Allí los médicos van a las casas de todos los adinerados para atenderlos. Además disponen de una clínica privada equipada con la última tecnología.

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Como paradoja el primer caso de coronavirus en Miami se detectó en ese paradisíaco enclave de arena blanca traída desde Bahamas. El temor de sus residentes radica en que la mayoría sobrepasa los 60 años de edad.

Los vecinos de Florida se quejaron por tener que asistir a estacionamientos de los estadios para ser atendidos. No obstante en este condominio de máximo lujo todo es diferente. A la pandemia la enfrentan con dólares en la isla privada donde sólo se puede acceder por ferry.

Opulencia y lujo

El condominio compró miles de test rápidos a la Universidad de Miami (UHealth). Las pruebas serán aplicadas también a los trabajadores de Fisher Island.

Tal vez el mayor encanto de esa isla privada es que sus moradores allí lo tienen todo. No tienen que salir para nada, ni siquiera para ser atendido por algún médico. La seguridad es de primera. No hay nada igual para los ricos en el país más rico del mundo.

Es una ciudad en sí misma. Dispone de una escuela para los niños, un supermercado, su clínica de salud y un banco. Asimismo dispone de su oficina postal, su tintorería, un campo de golf, 18 pistas de tenis, dos marinas, un recinto de ocio para los perros de los residentes.

En Florida, las autoridades han instalado ocho clínicas móviles para tratar de detectar el coronavirus. La mayor aglomeración se observa en el estacionamiento del estadio Hard Rock de Miami. Pero en la isla privada de Fisher Island los médicos atienden a domicilio. Los habitantes sólo tienen que levantar el teléfono. De inmediato llega un médico y le aplica el test PCR el cual constata si tiene coronavirus.

Isla privada sin cuarentena

Los pacientes no necesitan hacer cuarentena porque viven aislados y con la mayor privacidad posible. Por otro lado a diez minutos en coche de la isla, se encuentra el histórico barrio afroamericano de Overtown. En esa zona muchas familias viven con lo mínimo. Se caracteriza porque abunda la droga y la violencia.

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La lujosa isla de 87 hectáreas pasó por diferentes manos hasta que en los años 80 comenzó un desarrollo inmobiliario. No se trata de una isla plagada de grandes mansiones, sino de apartamentos de unos 400 metros cuadrados. Los expertos consideran que cada estudio de esa isla se cotiza en un millón de dólares.