Buscardo google - Cantineoqueteveonews

¿Dónde estaba el túnel oscuro con una luz al final? ¿Por qué en su lugar estaba contemplando un letrero de neón que decía “Buscador Google”? Todo parecía indicar que estaba muerto pues recordaba con precisión los detalles de su fallecimiento. Estaba comiendo con demasiada prisa y un trozo de carne se le atoró en la garganta. Había muerto asfixiado sobre la mesa de un restaurant durante la media hora de descanso laboral. El desespero de no poder respirar no se olvida ni con la muerte.

¿Y ahora qué? Se encontraba en una suerte de salita de espera de consultorio odontológico sentado en una silla frente al letrero. A su izquierda había una puerta cerrada que no tenía pomo y la única luz del lugar provenía del neón. Mientras se preguntaba por el posible significado de su situación, se abrió la puerta. Lo que salió de allí le provocó un terror indescriptible.

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Frente al recién fallecido estaba un hombre en falda, con el torso desnudo y una enorme cabeza de perro. A pesar del miedo no dudó en obedecer la invitación que le hizo la extraña criatura a pasar la puerta. No usó palabras sino un gesto de su brazo. Su mirada era lacerante.

El Buscador Google ilumina el juicio

Al principio todo era tinieblas. De pronto, escuchó una voz que dijo: “Has llegado a tu juicio ¡Oh Duat!” Con estas palabras se iluminó un salón no muy grande donde estaban dos extraños personajes y una balanza de platillos. En la pared del fondo estaba el mismo anuncio que estaba en la salita: “Buscador Google”.

“Soy Osiris, el señor de la eternidad y presido tu juicio pequeña alma escondida”. El pobre muerto no daba crédito a sus oídos mientras continuaba la presentación. “El que te condujo es Anubis, guardián de las tumbas y Tot es el escriba sentado allá.” Este último era tan extraño como el cabeza de perro, pues su cuerpo lo coronaba una cabeza de garza. Osiris era el más normal. Sin embargo, la piel verde, la barba en forma de tubo y el sombrero de jarrón lo hacían lucir inquietante.

“¿Te sorprende Duat, encontrarte en un tribunal de la muerte egipcio?” Preguntó con voz cavernosa el hombre verde. “Todos lo sienten así porque subestimaron nuestro mundo. Y tú que naciste en Timotes, Duat, un remoto pueblito andino en Venezuela, también estás desorientado en la muerte. ¡Esperabas un cielo o infierno cristiano católico y te encuentras ante el juicio de Osiris!” En ese momento le dio la impresión de un brillo extra en las letras de las palabras “Buscador Google”.

“Yo no me llamo Duat” Se atrevió a hablar el enjuiciado. “Claro que no, tu nombre de vivo era Hernán Alberto García Ospino. Ahora que eres un alma desencarnada eres Duat como todos los difuntos. Y esa alma va a ser juzgada por este tribunal que presido.”

“¡Yo he sido un hombre bueno, yo no he matado a nadie, no he sido un ladrón!”

Una sola pregunta

“No voy a pedirte una confesión. No tienes necesidad de azorar tu corazón mintiendo por temor. En tiempos pasados solíamos disponer de 42 dioses que preguntaban sobre lo vivido. Pero todo cambió con el Buscador Google. Si, el mismo buscador de tu computadora. No te sorprendas. Los dioses regimos el mundo entero con todo lo que contiene y lo usamos continuamente. Internet es una consciencia.”

A todas estas, el asustado Duat repetía en voz baja: “Yo no soy malo, yo no soy malo”

“¡Cállate y escucha!” al parecer Osiris estaba molesto por su defensiva letanía. “Solamente te voy a hacer una sola pregunta. ¿Has sido un hombre honesto que se ha revelado ante su prójimo con la transparencia de un cristal?”

“¡Si, si, yo he sido honesto mi vida, yo no soy mentiroso!” Ni siquiera había considerado un momento su respuesta.

El corazón versus la pluma

Entonces Anubis se le acercó y le hundió la mano en el pecho que parecía de gelatina. De allí sacó su corazón que no latía y que lucía seco. No sintió ningún dolor. Luego lo puso en uno de los platillos de la balanza. Fue entonces cuando notó que había una pluma blanca en el otro platillo.

Las letras de neón del anuncio Buscador Google, se apagaron y todo se hizo oscuro por un segundo. Al retornar notó que el platillo con su corazón estaba abajo y el de la pluma arriba.

“La pluma de la verdad, Maat, ha hablado. Has llevado una doble vida, una vida oscura que has pretendido tapar ante los demás. No eres transparente, alma perdida.”

“¿Pero qué pasó? ¡Yo dije la verdad!”

“No estás considerando las huellas que dejó tu alma en tus búsquedas en Google. Allí está todo lo que realmente eres pero no quisiste mostrar. Allí en la soledad de la pantalla de tu ordenador desnudaste tus pasiones verdaderas. Gozabas de placeres perversos como ver videos donde la gente sufría en las catástrofes. Viste accidentes horribles y desastres porque te sentías lejano al dolor de los demás. Te reías a carcajadas con las torpezas de los demás y con el padecimiento de los animales. Sentías predilección por ver videos de suicidios y asesinatos. Lo que llamabas amor era la tapa de una olla donde se cocinaba cruda pornografía. El valor de las mujeres era exclusivamente masturbatorio, no hubo besos de amor para ellas. Escribiste crueles comentarios, hirientes juicios amparado por el velo de la pantalla de tu monitor. ¿Cómo podías saludar a tus vecinos en la misa del domingo?”

El Daat contemplaba su corazón en el platillo mientras se le anegaban los ojos de lágrimas. Se sorprendió al darse cuenta que los muertos podían llorar.

La otra muerte

“El Buscador Google ha penetrado en lo más oscuro de tu ser. Su base de datos está conectada con la pluma de la verdad y sopesa la honestidad de tu corazón. Tus búsquedas en internet han dejado una traza imborrable. Nunca estuviste solo frente a las computadoras que usaste en vida. El Buscador Google era un gran ojo que detallaba todas tus curiosidades, toda tu morbosidad humana. Ahora sabes que tu vida oculta se ha develado y tu sentencia ha sido anotada por Tot,”prosiguió el dios egipcio.

“¿Y que va a ser de mí ahora?”

“Vas a morir de nuevo, esta vez devorado por Ammyt, el devorador de los muertos, que te espera detrás de la puerta.” Al decir esto señaló con un dedo la misma puerta por donde había llegado.

“¡Señor ten piedad!” exclamó en un grito el nativo de Timotes.

“No implores ahora. Debiste saber que con cada click del ratón se abrían o cerraban las puertas de la redención.”

“Y luego de esa segunda muerte” continuó Osiris, “volverás a vivir en un lugar donde ya no ocultarás nada. Será un sitio inundado por todo lo que escribiste en el Buscador Google. Y los que lo habitan serán igual que tú pero mostrándose tal como son. Puedes salir ya Duat”

Y quien fuera Hernan García, se dirigió a la puerta, la abrió y se metió en la boca del cocodrilo.