Soledad - Cantineoqueteveonews

Aquel bolero de Rolando La Serie que cantaba cuando era joven le hizo una trampa. O acaso la trampa era de la soledad misma. “Hola Soledad / No me extraña tu presencia / Casi siempre estás conmigo, te saluda un viejo amigo.” Tenía veintidós años, una novia y amigos para celebrar todo aquello que emitiera una dulce complacencia. La luna creciente, el canto de los gallos, la ventana por donde noviembre entraba en su cuarto. Sentía que conocía al Bosco desde chiquito y que el ron lo alimentaba como la blanca avena.

La juventud le permitía darse el lujo de cantar montado en el techo la canción del bolerista cubano. “Yo soy un pájaro herido que llora solo en su nido porque no puede volar. Y por eso estoy contigo, soledad yo soy tu amigo ven que vamos a charlar.” Entonces la soledad, que también es un pájaro, y que siempre atiende a quien la llama, bajaba en la noche y le miraba el corazón.

Y entonces brindaba con ron por las cinco condiciones del pájaro solitario de San Juan de la Cruz. Y las recitaba como si en verdad fuera un místico y no un estudiante universitario. “La primera que se va a lo más alto. La segunda que no sufre compañía, aunque sea de su naturaleza. La tercera que pone el pico al aire. La cuarta que no tiene determinado color. La quinta que canta suavemente.

La soledad es una trampa

La soledad se disfrazaba de suave nostalgia, de saudade. Era un estado espiritual que lo iluminaba aún se encontrara acompañado. Pero como decía un poeta valenciano, “Pasa el tiempo, todo se va llenando de hojas secas.” Y aquella soledad cantada también se fue llenando de hojas caídas.

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Aquellos amigos que siempre estaban cerca, se los llevó la misma fuerza que separa a las estrellas. La novia se casó con otro y aunque tuvo otras parejas, nunca llegaron a consumir una relación sólida. Su propia familia se llenó de nieblas y de fallecimientos. Pasó el tiempo de hacer su propia manada y nunca tuvo hijos.

Y como la soledad se alimenta de los espacios vacíos, comenzó a invadir su cuerpo. Su corazón le sirvió de madriguera. La arteriosclerosis le endureció las arterias y la presión alta pasó a ser un registro de su vida. Los doctores no hablaban de aquella dulce soledad sino de depresión. Le sorprendió escuchar de su doctor que el aislamiento social lo ubicaba en una pavorosa estadística. Tenía un riesgo 90% mayor de muerte cardiovascular y más del doble de riesgo de muerte por accidente o suicidio. Igualmente tenía el doble de riesgo de sufrir un accidente cerebrovascular no mortal.

Morir de soledad

“Te puedes morir de soledad”, le había advertido su doctor con ese aire de higiénica sabiduría que rodea a los galenos. Y para demostrárselo citó a unos psicólogos de la Universidad de Chicago y de la Universidad Estatal de Ohio. Le dijo que sus estudios han demostrado que las personas que socialmente aisladas desarrollan cambios en sus sistemas inmunológicos. “Esos cambios conducen a una situación muy desfavorable: inflamación crónica.”

-“¿Inflamación crónica? ¿Y eso qué diablos es?”, preguntó alarmado.

-“Cuando tienes una inflamación normal, los glóbulos blancos producen sustancias que dividen las células y reconstruyen los tejidos. Así se repara la lesión y finaliza el proceso inflamatorio. Pero la inflamación crónica puede empezar sin lesión alguna y no termina cuando debería terminar. La inflamación crónica puede ser causada por infecciones que no desaparecen, por reacciones inmunitarias anormales.”

– “¿Y que tiene eso que ver con mi tristeza?”

– “Como te dije, tu sistema inmunológico se ve afectado por tu cuadro depresivo. Entonces, si la inflamación crónica persiste eso te lleva fácilmente a desarrollar cáncer.”

-“¿Cáncer?”, preguntó realmente asustado. “¿A eso me puede llevar la soledad?”

-«Si se está solo se pude tener un nivel de inflamación mayor sin importar si se padece una enfermedad crónica.»

Avalancha de males

¿Qué había pasado con los amigos que se encontraba casualmente en la calle? ¿Dónde estaba el calor de un cuerpo de mujer a su lado en la noche? ¿A dónde se había ido el mes de Abril de la canción de Joaquín Sabina?

Pero la inflamación crónica no era lo único malo que le podía suceder. Se enteró de una avalancha de males que traía consigo la sensación de aislamiento. Aumento de los niveles de estrés, pérdida de la memoria, derrames cerebrales, alta propensión al Alzheimer.

Le plantearon alternativas como la de involucrarse en actividades comunitarias. Intentar buscar crear nexos con personas que posean intereses comunes. Sabía por convicción que los verdaderos amigos son los de la infancia. Pero era necesario intentarlo, era necesario olvidar como terminaba aquella canción de los Beatles. “All the lonely people / Where do they all come from? /All the lonely people / Where do they all belong?”