María Llergo - flamenco - cantineoqueteveo

La cantante María José Llergo se reúne con un grupo de adolescentes de institutos del sur. Se han juntado en la sala Cuarta Pared; un lugar que la mayoría de ellos no había pisado nunca, para escucharla y conocerla más de cerca.

Ella se encuentra en Madrid, porque forma parte del programa del festival de Arte Sacro en el ciclo de Músicas infinitas; e interpretó anoche el espectáculo «Niña de la verdad». Así también, Juego y teoría del duende III / Año Lorca» con canciones; que ha ido componiendo para su disco junto a otros temas del repertorio popular lorquiano.

María Llergo, cuenta cómo tuvo que salir de su pueblo cordobés, Pozoblanco; para seguir estudiando. Se fue a Barcelona con 20 años y con becas; ayudas económicas pudo acceder a profesores de canto para aprender a mover esa voz que emociona. De esta forma sale de lo más profundo de sus entrañas y; es capaz de silenciar en segundos a un centenar de jóvenes de 16 años.

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María Llergo: «No recuerdo cuándo no he cantando»

No recuerdo cuándo no he cantando, dice la interprete María Llergo. He aprendido de mi abuelo; José Sánchez Muñoz, me ha insuflado las esencias del flamenco del pasado siglo.

Él es un hombre de campo que me ha enseñado lo importante de la vida; aquello con lo que caminas a lo largo de tu existencia.

María José Llergo, se confiesa una mujer curiosa desde chiquita; les habla a los muchachos con su mismo lenguaje, de cómo fue aprendiendo nuevas palabras gracias a un viejo diccionario de papel. antes de que los ordenadores llegasen a su pueblo.

Fue entonces cuando se topó con la palabra ‘blues’. Empezó a escuchar las canciones recogidas por Alan Lomax; ese músico que recorrió Estados Unidos para grabar y documentar músicas que sin él hoy estarían olvidadas. «Fue una revelación.

Ahí se dio de cuenta de que ese tipo de música era el flamenco de los negros; que las distintas culturas estamos unidas por los sonidos y las letras de los más oprimidos, de aquellos que se revelan contra los sistemas establecidos.

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Nació con el cante en sus oídos , pero ella lo expresa de una manera diferente. Su cara aniñada oculta una voz aguda que mece en «Nana del Mediterráneo» y rasga en «Ya se sabe la Luna».

Agenda de la nueva voz de Madrid

Una veintena de chicas acuden a ella cuando termina su actuación; junto a los músicos Marc López y Carlos R. Pinto, han estado realizando pruebas de sonido para su próximo concierto. Además, su agenda hasta fin de año está repleta de actuaciones y entonces sacará su primer disco. Por otro lado, las chicas van confesando, poco a poco, lo cercanas que están a ella.

«Yo bailo flamenco, yo estudio piano, yo viola», dicen una tras otra.

Tímidas a esa edad, se han sentido incapaces de hablar en público; pero, se confiesan cuando la tienen cerca y le confían que la siguen en las redes; que les gusta lo que hace.

«Tenéis que buscar lo que os emocione, aquello que os haga disfrutar. Yo estudie durante 10 años violín; pero, lo que más me quería era cantar. La música alimenta mi alma y eso es lo que me gusta del arte. Ser músico no es una profesión fácil, sentencia.

«Si persigues lo que quieres se suele hacer realidad. Igual en unos años; vosotras estáis en el escenario y yo de espectadora», les anima convencida de ello.

El discurso de Llergo es claro. No quiere letras machistas en las canciones; no están justificadas bajo ningún concepto. Se manifiesta contraria al consumo desaforado. Elijamos por nosotros mismos y no por lo que nos impongan a golpe de tecla. Ella, que ha nacido en un pueblo, sabe lo que significa tener que salir.

Además, «Hay que dotar a lo lugares pequeños de los necesario para que la revolución tecnológica no nos lleve a la emigración a las grandes ciudades como la revolución industrial» y, sobre todo; «No a los estereotipos y a los tópicos como los que existen en nuestro país contra el pueblo gitano que nace de una cultura milenaria». Por lo tanto, No hacen falta adjetivos a sus manifestaciones; es una joven que tiene claro lo que no quiere en esta vida y no está dispuesta a que elijan por ella.

Fuente: El País/Redacción