Trabajar en los Estados Unidos - Cantineoqueteveonews
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“¿Por qué viniste a trabajar en los Estados Unidos?”. A pesar de tener una capucha sobre su rostro, sabía que quien le preguntaba debía estar mirándolo con dureza.

Todo había sucedido tan rápido que aún no asimilaba la situación en la que se encontraba.

Caminaba en la noche por la avenida East Jones en San Antonio cuando de pronto un carro se detuvo a su lado. Al voltear a ver de que se trataba, un par de hombres que tal vez lo venían siguiendo sin el percatarse, lo empujaron dentro del auto que enseguida arrancó con urgencia.

Apenas tuvo tiempo de ver la nuca del conductor antes de que le cubrieran la cabeza con una capucha negra.

No intentó resistirse porque claramente no era una opción. Siempre había escuchado que lo mejor es colaborar.

“¿Cómo te llamas?”, la voz tenía la marca del gringo que habla español.

“Daniel Ibañez”, respondió con la voz tan desfigurada por el miedo que casi no la reconocía como propia.

“Escucha con atención Daniel. Vas a responder cada pregunta que te hagamos. Te recomendamos que no mientas y que no intentes escapar. ¿Puedes hacer eso?”

“Si, si puedo, pero ¿Qué sucede? ¿Quiénes son ustedes?”

“Nada de eso. Nosotros hacemos las preguntas y tu respondes. ¿Entendido?”

“Está bien, pero no me vayan a matar.”

La experiencia de trabajar en los Estados Unidos

Esperaba escuchar una confirmación tranquilizadora a esta última petición, pero en su lugar, otra voz, también en español, pero más gruesa, le pidió que no hablara con prisa.

“¿De dónde eres y que haces en mi país?”, volvió a intervenir el primer hombre.

“Soy español, de Madrid, España y vine porque quise vivir la experiencia de trabajar en los Estados Unidos”.

“No suenas como español”.

“Es que mi esposa es venezolana y he adquirido su acento”.

Las estadísticas de españoles

“De España. ¿Dónde está ubicado nuestro hombre?”. Esta vez la voz sonó diferente porque se dirigía a la otra persona.

“En el 1% por ser inmigrante español”, respondió contundente el otro hombre.

No podía creer que se estuviera desarrollando un diálogo tan extraño en una situación que todavía no sabía si podía significar su muerte.

Lo mejor era seguir el juego, responder y rezar mentalmente.

“¿Cuántos años tienes?”

“Veintinueve años y no quiero morir esta noche”, respondió esperando una esperanzadora que no llegó.

“¿Cuál es tu nivel educativo?”

“Soy veterinario egresado de la Universidad Complutense de Madrid”.

“Se encuentra en el 36% de los españoles migrantes que a su edad han obtenido al menos una licenciatura.”, se apresuró a afirmar la otra voz antes que su compañero le preguntara.

Español con acento

Mientras tanto el interrogado se preguntaba por qué sus secuestradores se comunicaban en español con acento, si podían hacerlo en inglés. Pero era mejor no intentar averiguar nada y esperar.

“¿Has logrado trabajar en los Estados Unidos?”

“Si, trabajo aquí en la Emergency Pet Clinic”

“¿Cuánto ganas allí?”

“ Hago 80.000 al año”

“¡Wow! Nuestro amiguito se ubica por encima de la media anual de 36.000 dólares para los españoles.”

El asustado captivo no podía dejar de asombrarse por la rápida manera que el otro hombre comprobaba los datos.

“¿Vives en San Antonio?”

“Si, tengo una casa aquí”

“Por tener vivienda, 63% y por vivir en Texas, entra en el 12%”.

Las preguntas son en serio

Luego de esta última intervención del hombre de los datos, el auto se detuvo bruscamente.

Entonces con palabras muy bien pronunciadas escuchó al interrogador decir: “Todo lo que nos estás diciendo es cierto, ¿Verdad?”.

Al mismo tiempo, sintió lo que sin duda era el cañón de un arma, presionar ligeramente sus costillas.

“¡Claro que es cierto! ¡No estoy mintiendo”, respondió con unas profundas ganas de llorar y de orinar.

“Entonces podemos continuar.” El auto retomó la marcha y con el movimiento volvieron las preguntas.

“Ya dijo que estaba casado. ¿Qué ubicación tiene en los datos?”

“47% , es decir un 1% por encima del mexicano.”

“¡Te dije que no mencionaras al mexicano, idiota!¡No quiero escuchar una palabra de él!”

“Sorry!”. Esa fue la única palabra en inglés que escuchó durante el interrogatorio.

Ante el cambio de tono y la extraña afirmación, Daniel, de los nervios ya no sabía por qué alguna vez quiso saber lo que era trabajar en los Estados Unidos.

Responde la última y te vas

“¿Hablas inglés y que nivel tienes?”

“Si, y lo hablo bien.”

“¿Lo hablas en tu casa?”

“Si, claro”

“¿Cómo que si claro? Debes responder: ¡Si señor!”

“¡Si señor!” Casi gritó despavorido el pobre español.

“Ja, ja,ja, ja,ja. Era una broma amigo.

“Por dominio del idioma se ubica en el 70%”

“O.K. Ahora respondes la última pregunta, te bajas del auto y regresas a tu vida. ¿Por qué viniste a trabajar en los Estados Unidos?”

Entonces quizás por el miedo o por lo bizarro de la situación, recordó la respuesta que dio una aspirante de un concurso de belleza en un vídeo de YouTube que se burlaba sobre la poca inteligencia de estas féminas.

Era lo único que tenía en su mente, lo demás era terror y ansiedad por terminar de una vez.

“Porque es un país con gente muy simpática donde ha habido algunos cambios políticos.”

 

 

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