Isla maldita - Cantineoqueteveonews

Hace días se viralizó la isla maldita, ese escalofriante lugar que avergüenza a los neoyorquinos del cual las autoridades prefieren no hablar.

Se filtraron fotos y videos de los hoyos donde enterrarán a los fallecidos por coronavirus. Se trata de la isla de Hart, situada al este del Bronx. A los habitantes de la Gran Manzana les tienen prohibido poner un pie allí. El acceso al público permanece restringido. Se dice que hasta los pájaros evitan volar sobre ese dantesco territorio.

Desde hace décadas las personas asocian el islote con un lugar abominable porque enterraban a cadáveres que nadie reclamaba. Por ello la bautizaron como la isla maldita.

Mientras el coronavirus desborda los hospitales, otros organismos públicos de Nueva York se preparan para lo peor. Necesitan un lugar donde enterrar miles de muertos.  En 1654 la isla fue adquirida por un inglés que la compró a los indígenas. A partir de ese momento comenzó una espeluznante historia. Es el camposanto de los olvidados.

Puedes leer: La obesidad: Tras la cuarentena el mundo se topará con otra pandemia

El Departamento de Prisiones gestiona ese cementerio donde cada semana entierran a unas 25 personas, sobre todo a indigentes. Sin embargo, desde que Nueva York se convirtió en el epicentro de la pandemia del coronavirus todo cambió.

La pandemia obligó a las autoridades a cavar dos enormes fosas, confirmó a The New York Times una portavoz del Departamento de Prisiones. En las últimas semanas la letal enfermedad ha contagiado a casi 200.000 neoyorkinos y provocado a muerte a más de 10.000. La Gran Manzana es ahora una de las ciudades del mundo más castigada por la Gripe China, incluso más que en muchos países.

Camposanto de los olvidados

En la isla maldita  los cuerpos de los muertos se envuelven en bolsas para cadáveres y se colocan dentro de una caja de madera de pino. Sobre el ataúd se escribe el nombre del difunto, para facilitar la labor en caso de que alguien reclamara el cadáver después de sepultado.

Las cajas se entierran en largas zanjas abiertas en línea recta. Se estima hay más de un millón de personas enterradas en la isla, de 53 hectáreas.

Antes como protocolo un cadáver se traslada desde la morgue a la isla de la muerte si en dos meses nadie lo ha reclamado. Ahora los lapsos se acortaron debido a la pandemia. Los mandan para las fosas comunes al cumplir sólo dos semanas. Con frecuencia sepultaban allí a difuntos cuyas familias no podían costear los servicios funerarios.

La aterradora isla maldita fue sede de un campo de prisioneros de la Guerra Civil de la Unión. Después la convirtieron en una institución psiquiátrica y en un sanatorio antituberculoso. Con el tiempo fue refugio para personas sin hogar, reformatorio para niños asesinos, cárcel y un centro de rehabilitación de drogas.

Nadie puede acceder a la isla sin permiso Departamento de Parques y Recreación de Nueva York. Alegan que el lugar es un santuario para aves. Siempre se tiene que ir acompañado por alguien del departamento

La isla maldita carece de lápidas

La isla de forma parte del archipiélago de las Pelham y se ve desde la zona noroeste del Bronx. La pandemia del COVID-19 provocó que se recuperara una de las principales funciones de ese tétrico islote.

En condiciones normales se trasladaban cadáveres a la isla de los muertos en horas de la madrugada. Llegaban los camiones y un ferry los esperaba. En siete minutos llega la embarcación a la isla maldita.

Puedes leer: IOTA marca el rumbo en privacidad de datos y la COVID-19

Se estima que en ese islote yacen más de 800.000 cadáveres. Se trata del cementerio público más grande de Estados Unidos. No hay lápidas, epitafios, flores, ni horarios de visita regulares. Para muchos es el lugar para historias que mejor no se cuentan. La tumba de los olvidados, de las almas perdidas.

En síntesis la isla es uno de los lugares menos conocidos de Nueva York. A los turistas no se les puede señalar nada de lo que allí se encuentra. Se trata de la lavandería de la ciudad, del lugar donde le llevan los trastes para que nadie los pueda ver. No hay vestigios de civilización, es sólo un lugar para los muertos.