origen del coronavirus - Cantineoqueteveonews

En un mundo ideal, intentar identificar el origen del coronavirus debería ayudar a detener futuros brotes de patógenos similares. No es un proceso sencillo pues requiere de un arduo trabajo investigativo. Frente a esta labor, que involucra extracción de datos genéticos y seguimiento de cepas, se imponen criterios políticos. La utilidad científica de la identificación es puesta a un lado para buscar en cambio “el origen del Mal”. Es decir, Wuhan, el nuevo nombre del infierno.

Así lo demuestra la información divulgada por el Presidente de los Estados Unidos, Donald Trump acerca del comienzo del fin. Según Trump y su Secretario de Estado, Mike Pompeo, el patógeno se filtró desde el Instituto de Virología de Wuhan. Es decir, una oscura manipulación de un laboratorio del gobierno chino.

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Pompeo ha afirmado que posee una “enorme cantidad de pruebas” que sustentan su teoría. Sin embargo la Organización Mundial de la Salud ha reiterado que Washington no ha aportado ninguna prueba al respecto.

Un mercadito no es el origen del coronavirus

Los primeros análisis indicaron que surgió por primera vez en seres humanos en la ciudad de Wuhan. Se estima que el punto exacto fue un desafortunado mercado de mariscos. Sin embargo, este escenario como origen del coronavirus no ha sido totalmente confirmado por los investigadores.

Ahora un genetista de la Universidad de Cambridge sostiene que el virus no se originó en Wuhan después de todo.

«Esta idea de que el mercado de mariscos de Wuhan es el origen no está realmente clara», dice Peter Foster. Este becario de investigación arqueológica en Cambridge sostiene que la evidencia circunstancial abre otras posibilidades.

La ayuda de los algoritmos filogenéticos

Forster es coinventor de los algoritmos filogenéticos. Desde los años noventa constituyen el programa informático estándar para la extracción de datos genéticos. Su equipo aplicó este software a 44 muestras de genoma del coronavirus. Las muestras fueron recogidas de los primeros casos oficiales reportados en China. Es decir, desde el 24 de diciembre de 2019 hasta el 17 de enero de 2020.

En un artículo de la revista Proceedings of the National Academy of Sciencies, Forster informó sobre tres cepas del virus. Estas fueron etiquetadas como A,B y C.

Lo que dicen las cepas

Su investigación determinó que la A era la variante fundadora. Ella constituía la versión más parecida al tipo de SARS-Cov-2 descubierta en murciélagos. Muchos expertos sospechan que el virus migró a los humanos desde los murciélagos, a través de algún otro animal. Pero también descubrió que la cepa A no era el tipo predominante en Wuhan.

De 23 muestras de la ciudad en cuestión, sólo tres eran del tipo A. El resto era del tipo B, una versión de dos mutaciones de A. Pero en otras partes de China, dice Forster, inicialmente A era la cepa predominante. Por ejemplo, de nueve muestras de genoma en Guangdong, a unos 960 kilómetros de Wuhan, cinco eran del tipo A.

El origen no es blanco o negro

El genetista de Cambridge dice al respecto.»Yo tendría un poco de cuidado en señalar un lugar (de origen), porque no tenemos muchas muestras de la fase inicial», dice. Según estos resultados, no resulta tan evidente señalar a Wuhan como el origen del coronavirus. «Pero me parece que no debemos limitarnos a Wuhan cuando buscamos el origen.»

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Forster se muestra circunspecto respecto al origen del coronavirus. «No es blanco o negro. Todo lo que puedo decir es que no me parece que Wuhan sea el principal candidato. El tipo A existe en otras regiones de China en ese momento con una frecuencia posiblemente mayor».

El virus se movía con anterioridad

La investigación de Forster también indica un tiempo de propagación del virus diferente. La COVID-19 puedo haber estado circulando entre especies antes del primer caso reportado en China el 1 de diciembre. La tasa de mutación indica un 95% de posibilidades de que la propagación original del virus haya comenzado antes. Es posible que ya el 13 de septiembre de 2019 mostrara una diseminación exitosa.

Ian Lipkin, virólogo de la Universidad de Columbia, está trabajando con investigadores chinos en hospitales del país asiático. Se buscan pruebas para determinar con precisión el origen del coronavirus. «Está llevando a cabo el tipo de trabajo que mi investigación está apuntando», dice Forster. Mientras tanto se espera que el discurso de los líderes políticos no interfiera en tan necesaria investigación.